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Carlos Cerda: En el Código Penal, la propiedad importa más que las personas

Radio U. de Chile….

Hasta la semana pasada, ministro de la Corte Suprema. En conversación con Patricio López, editor general de Radio Universidad de Chile, Carlos Cerda entregó su opinión sobre la forma en que se ejerce el derecho en nuestro país.

Abogado, académico y juez. Carlos Cerda Fernández ejerció como ministro de la Corte Suprema entre 2014 y 2018, año en que jubiló al cumplir los 75.

Antes, en su carrera, debió defender a los miles de chilenos perseguidos en la dictadura, dictámenes que le valieron su reputación, pero también obstáculos en el ascenso al interior del Poder Judicial.

Hoy, retirado, habla de su propia historia, la que no se separa de la del derecho chileno.

 

¿Con qué sabor se va después de esta larga trayectoria?

Contento. Contento no por el hecho de dejar esta institución, sino porque tengo la impresión que la sociedad chilena ha tenido la oportunidad de ver un trabajo de compromiso con los derechos esenciales de las personas, lo que me deja tranquilo.

Por otro lado, con una sensación de vacío de lo que viene por delante, porque entiendo que hoy se exige al Poder Judicial chileno una actitud más comprometida con muchas situaciones que constituyen violaciones a los derechos humanos y que, sin embargo, no están siendo atendidos con la fuerza que – a mi juicio- debieran.

La concepción sobre Derechos Humanos se ha ampliado. Muchas veces uno se pregunta si esto que Chile firma en el ámbito internacional, aterriza en términos concretos y subjetivos en la cabeza de quienes dirigen el Poder Judicial en nuestro país. ¿Cuál es su reflexión al respecto?

Por una parte han habido sentencias donde se extiende el ámbito de los derechos esenciales de las personas.

Es importante entender que la ley y la Constitución están redactadas de modo tal que no pueden abarcar todos los fenómenos vitales. La vida  tiene tal velocidad que se van presentando siempre situaciones novedosas. Eso quiere decir que siempre llegan a los tribunales asuntos donde hay que adoptar una definición en orden a sí “tal situación concreta es o no protegida por el derecho”. Si lo es, hay que otorgar esa protección, si no hay que desecharlas.

En ese sentido, estoy consciente que en algunas salas de la Corte Suprema ha habido avances al respecto. Por ejemplo, cuando una persona cubre su rostro porque en su cultura, de origen musulmán, hay que hacerlo y llega a una institución bancaria y niega a descubrirse. Se le niega la atención pro seguridad. Ella acude a los tribunales y exige su derecho a ir vestida como quiere, los tribunales han otorgado esa protección, amparando siempre la libertad cultural y religiosa de todo ciudadano.

Otro ejemplo es la igualdad de género en el caso de las adopciones. Se ha permitido que personas de sexo masculino adopten y se constituyan como familia estable, pese a que la ley aun no lo permite.

Un tercer ejemplo es que se ha sentenciado que no se puede contratar a trabajadores sustitutos para impedir el derecho a huelga…

En esos aspectos ha habido avances, pero es innegable que la velocidad de la vida y la limitación del derecho escrito van distanciándose. Le corresponde a los tribunales ir particularizando la Constitución, incrustando, incorporando cosas a la ley. Diciendo que “en esta situación, donde asaltan dudas yo le incorporo el derecho para rescatarla y protegerla”. Hay muchos casos en los ámbitos locales en que eso no se cumple, por ejemplo en el caso de los derechos de niños, niñas y adolescentes.

¿Todavía falta coherencia entre la legislación nacional y los tratados internacionales?

El derecho se universaliza cada vez más. Cuando surge la civilización, hace miles de años, el individuo es el universo, poco a poco se va socializando hasta llegar a la época de constituir países con sus autonomías, pero después de la Segunda Guerra Mundial eso se va superando y surge un derecho internacional. Son las convenciones las que permiten que los seres humanos, después de las debacles, llegan a acuerdos universales que empiezan a tener el timón de los derechos universales de las personas.

Los jueces, poco a poco, empiezan a ver la importancia de este derecho internacional y el derecho se universaliza. ¿Por qué? porque para la humanidad cada persona es todo. Todas las personas tenemos el mismo derecho a hacer que cualquiera.

Entonces, si en el país que cada uno habita se persigue por determinadas condiciones, las personas tienen derecho a que el resto de la humanidad impida que esto siga ocurriendo.

En este contexto, surgen tribunales internacionales. Sobre el Poder Judicial de Chile existen en América la Corte Interamericana y una Comisión de la misma corte, que es un tribunal previo. Entonces, por sobre el Poder Judicial chileno tenemos uno que está velando porque los derechos de todos nosotros en los casos en que cada uno considere que los tribunales propios no han sido todo lo eficientes que tienen que ser.

¿Qué ocurre con la formación de los abogados? Hay quienes dicen que la formación en tratados internacionales no es tan acuciosa como en la legislación nacional vigente, ¿usted comparte esta apreciación?

Como siempre ocurre, los juicios son normales en los seres humanos. La visión que tenemos de la vida, algo que se conforma desde el vientre materno, nos da una manera de entender las cosas y una manera de valorarlas o despreciarlas. Esto nunca está ausente del juicio de valor que cada uno realiza permanentemente en su propia vida.

Es normal, nos dice la teoría del conocimiento, que uno no juzgue desprovisto de las maneras que tiene de entender de aquello que está ocurriendo. Un ejemplo: hace veinte años, una familia acomodada compra un sector con una playa privada en el norte chico. La familia, con dos hijos, van de vacaciones. Cuando la hija vuelve del paseo, les da cuenta a sus padres de haber sido testigo de un acto íntimo de una pareja que estaba en el lugar. El padre denuncia ante la justicia un acto contra la moral. La madre declara que después de la reacción de su marido fue a hablar con su hija de once años y le dice “mire hija, esto es lo más lindo del juego entre dos adultos”, explicándole el tema de la reproducción.

Acá vez cómo dos personas tienen, ante una misma relación, una reacción totalmente distinta. Entonces, en el caso de los jueces, también puedes tener a alguien muy conservador que condene el acto, o alguien más joven que tenga tendencia a absolver. Entonces, lo que quiero decir, es que nadie puede renegar de un descubrimiento esencial de la Teoría del Conocimiento, que es el círculo hermenéutico. Es decir, cuando uno proyecta su razón sobre un objeto, hace que el objeto sea. Todo es calibrado conforme a la propia visión.

¿Maldad? No. Simplemente que el conocimiento pasa primero por los sujetos, donde el juez no está exento. Entonces, no se puede juzgar a un juez porque cada uno juzga dando el peso que cada cual, desde su visión de las cosas, desde su jerarquía valórica, tenga.

Los códigos son expresiones de los cuerpos valóricos de los propios, en ese sentido, ¿le gusta nuestro Código Penal? 

Para nada. El Código Penal está protegiendo, principalmente, aquellos bienes jurídicos que en aquella época estructuraban la sociedad, fundamentalmente la propiedad.

Es un Código que prescinde de bienes jurídicos que la vida moderna y poscontemporánea van presentando.

El Código Penal, por ejemplo, tenía una norma en materia de delito sexual que decía que el que “abusare deshonestamente de otro…”, algo que hoy se ha reformado en doce o quince delitos distintos. Hay conductas que hoy tienden al trato digno del otro género y que son consideradas como indebidas y sancionadas por las sociedad.

Siento que los legisladores, nosotros incluyéndome porque ellos nos representan, hemos antepuesto el interés económico a lo que es lo más importante a preservar: el conjunto de libertades e igualdades. En ese sentido, a través de legislaciones accesorias, han venido estableciendo comportamiento prohibidos, lo que llamamos tipos penales a sancionar y que se ubican del lado de la protección del gran interés económico, en vez del fomento de la destrucción del gran poder económico concentrado y monopolizado.

¿Eso quiere decir que en Chile, judicialmente, la propiedad ha pasado a ser más importante que los seres humanos?

Ciertamente. La propiedad se queda chica. Hoy es el interés económico.

¿Lo que es la expresión del sistema de valores de la sociedad chilena?

Yo creo que sí, ya está a luces vista de todo lo que presenciamos. Por ejemplo, usted puede tener la buena intención de legislar sobre la pesca en Chile, pero al momento de legislar ¿qué predomina?, bueno, todos los peces no quedaron de lado del pequeño pescador. Así, otras muchas ideas de bien sucumben ante el imperio del interés económico.

Cuánto influyen en esto los “climas de opinión” y el “sometimiento” de las élites políticas a estas ideas. Parlamentarios que quieren legislar “en caliente”. Esa manera de proceder de qué manera afecta a los temas más de fondo a cómo se imparte justicia.

Es complicado, pero esta es mi opinión personal. No tenemos una visión de largo plazo para una sociedad que entre todos queremos construir. Por lo tanto, en la situación coyuntural tendemos a reaccionar fuera de esa visión de país. Creo que esto no es nada nuevo, pero atribuyo a la improvisación, existe una reacción legislativa a partir de situaciones graves, pero que también son individuales y que no debían haberse producido si hubiéramos estado en la vivencia de una planificación más seria y profunda de un modelo de país.

En la década del ochenta como ministro de la Corte de Apelaciones le tocó jugar un importante rol. Además, tuvo la voluntad de procesar en el marco de la investigación al Comando Conjunto a varios militares de esa unidad de exterminio de la Fuerza Aérea como a Gustavo Leigh. De ese gesto, cuándo se habla de su retiro, hay quienes dicen que lo que usted hizo fue heroico, ¿Cómo lo analiza usted?

No me siento héroe, para nada. Cuando uno opta el camino de servicio de ser juez, uno está consciente que lo hace para defender los derechos esenciales de las personas. En ese contexto, si uno tiene consciencia que se están violando estos derechos, uno -si realmente se siente el juez- no pone en duda de defenderlos.

Hasta el jueves yo era el representante de los derechos esenciales de las personas. No hay allí un límite. Si hay que arriesgar la propia vida para salvar de otras: se hace, de lo contrario se reniega de la propia condición de ser juez. Eso más que ser héroe, es cumplir con el propio deber.

Estamos en un tiempo donde parecer ético es más importante que ser ético. Algunos estiman que eso, incluso, minó sus expectativas en el Poder Judicial. O sea, por un lado está el tema de los principios y, por otro, lo muy mal que se pasa tomando ese tipo de decisiones. ¿Qué reflexión le conlleva esto? sobre todo en un tiempo donde la ética ha adquirido un cariz distinto

El ser juez no buscar ser aplaudido, alabado. ¡No! Si en el camino surgen situaciones adversas, como las que yo tuve dentro de la institución, es parte de lo que uno quiere ser. Tal vez mi visión es exagerada y no compartida, pero recuerdo que esta situación lo hablamos mucho en Colombia cuando se asesinaban jueces. Entonces, la pregunta es ¿Hasta dónde llega este compromiso?, ¿Qué es ser juez? ahora, que eso trae consecuencias, pero es que estamos en la vida para ser constructores de algo mejor en sociedad, para eso yo estoy.

Por eso, al salir, me siento feliz. He recorrido un camino pedregoso, pero es el camino que elegí en la ofrenda a todos los que defendí. Por ejemplo, ¿qué pasa con esos niños privados de afectos? Yo lo he tenido todo en la vida y he tenido el regalo de defender a las personas en todo momento, incluso cuando no se les permitía ser personas, eso es para mi ser juez.

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