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Francisco Bilbao, su pensamiento sobre la unidad de Nuestra América y su anti-colonialismo

Centro de Estudios Francisco Bilbao. Febrero 2019.

Un 19 de febrero de 1865, muere en Buenos Aires el filósofo y político chileno Francisco Bilbao Barquín.

Todos conocen su escrito la “sociabilidad chilena” por lo que fue acusado y sentenciado en Chile a los 21 años, expulsado del Instituto Nacional.

Queremos en esta ocasión resaltar su profunda vocación americanista, uno de los propulsores del pensamiento propio nuestro americano, se dice que Bilbao fue el primero en usar el término Latinoamérica el que abandono luego en rechazo a la actitud colonial de los franceses donde tenía sus referentes teóricos.

En 1856 escribió en Europa “iniciativa de la América”, en 1862 escribió “La América en peligro” y en 1864 El Evangelio Americano en Argentina.

Recogemos de www.filosofia.org/ave/001/a299.htm algunos extractos y comentarios.

 

“Iniciativa de la América” 1856

Perdida la ingenuidad sobre la Francia y la Europa, decide Francisco Bilbao retornar a América:

«De aquí su convicción íntima que la América, para llenar su misión de libertad universal, tenía que principiar por emancipar su espíritu de la influencia que nos enviaba la Europa con sus costumbres, ejemplos y educación. Animado de esta idea, reunió a los americanos existentes en París y les invitó para volver a América, cada uno a su patria, a hacer la propaganda de la necesidad de un Congreso Federal de las Repúblicas, que estableciese, constituyese un núcleo que contuviera la invasión de las monarquías, rompiera con las teorías absolutistas y realizara la patria universal, la República. Al efecto les leyó el discurso ad-hoc que corre en sus Obras Completas, discurso notable que encontró eco en el Nuevo Mundo y que le mereció la aprobación entusiasta de sus maestros.» (Manuel Bilbao, pág. CLIII.)

En la presentación de su Iniciativa de la América. Idea de un Congreso Federal de las Repúblicas, dice Bilbao que ese texto fue leído el día 22 de junio de 1856 en París en presencia de treinta y tantos ciudadanos pertenecientes a casi todas las Repúblicas del Sur. Utiliza ahí, y quizá por vez primera, los conceptos de «América latina». No hay que descartar que José María Torres Caicedo, a quien algunos han atribuido la prioridad en el uso por escrito del término América latina, en fechas posteriores al discurso de Bilbao, fuera uno de quienes estuvieron presentes en aquella sesión.

Y gracias a que Manuel Bilbao, para corroborar la afirmación contenida en la cita anterior, en el sentido de que la propuesta de Bilbao encontró la aprobación entusiasta de sus maestros, transcribe en nota la carta que Edgar Quinet escribía a su hermano el 8 de julio, podemos comprobar cómo en el filósofo exilado entonces en Bélgica operaba de hecho la realidad de la dialéctica de los imperios enfrentados entonces: Inglaterra, Francia, la estúpida España, la joven Grecia bárbara que entiende son entonces los Estados Unidos... frente al emergente proyecto de una América hispana unida.

«El discurso sobre el Congreso Americano es ciertamente una de las mejores cosas que se hayan hecho en América. Habéis encontrado las palabras más apropiadas a tan grandiosa idea. A cada página se siente que una acción importante nacerá de vuestras palabras. Hay acontecimientos en germen en vuestro discurso, es el clamor de todo un continente. Dais una contestación terrible a la agresión de los Estados Unidos; les arrojáis el guante; ellos no olvidaran la barbarie demagógica. Es ciertamente útil mostrarles que no les es permitido todo, y que los araucanos viven todavía”

“La América en peligro” 1863

«Postrado por la enfermedad que lo agobiaba, condenado a una completa inacción por orden de los médicos, llegó a su noticia que Santo Domingo había sido ocupado por la España, y Méjico invadido por los franceses. Las monarquías atacando a las Repúblicas hermanas. Estos graves atentados le pusieron fuera de sí. El espíritu dominó al cuerpo, se sobrepuso a sus dolencias, a la debilidad corporal y desatendiendo las prescripciones médicas corrió a ocupar su puesto en la vida pública del Continente. Unido al hombre de acción y de corazón magnánimo, su íntimo amigo, D. Juan Chassaing, invadió la prensa periodística, promovió asociaciones que manifestasen que el pueblo argentino tomaba por suya la causa de sus hermanos los agredidos. Organizáronse manifestaciones con tal motivo, centros que dirigieran el espíritu público hacia la solidaridad de causa con México, que recogiera subsidios para auxiliarle. Su voz tronó con todo el fuego del americanismo; pero sin resultados positivos, [CLXIV] desde que la opinión no despertaba del desvío a que la condujera la prescindencia que se notaba en el Gobierno Nacional, [CLXV] la falta de fe en los miembros de la Junta que se había organizado a presencia de esa misma prescindencia, y del silencio que guardaba el Congreso de la Confederación. [CLXVI] Desesperado con tan malos resultados no desmayó y se contrajo entonces a combatir ese mal, despertar al país y la América avisándoles del peligro que corrían, manifestarles el mal de que sufrían y el remedio que debía aplicarse para salvar de la [CLXVII] situación presente y afianzar para el porvenir la permanencia de la República. Con tal objeto dio a luz el libro titulado La América en Peligro. [CLXVIII] Este libro hizo reaparecer el ataque del clero católico, por medio de todos sus órganos. El Sr. Obispo lo encabezó, lanzando una pastoral en que atacaba al autor, prohibía la lectura del escrito, y pretendía refutar la idea primordial en que se basaba –‘catolicismo y libertad se excluyen.’ Bilbao refutó esa pastoral, hizo frente a sus adversarios, pero esta vez tuvo la gran satisfacción de ser acompañado por toda la prensa de Buenos Aires, menos los periódicos católicos. La buena causa se encontraba en su mayoría, y la derrota del clero fue estrepitosa.» (Manuel Bilbao, págs. CLXIII-CLXVIII.)

El Evangelio Americano 1864

«En tales agitaciones, la opinión pública fue sorprendida con la noticia de la ocupación que la escuadra española había hecho en Abril de 1864 de las Islas de Chincha pertenecientes al Perú, alegando para semejante atentado el derecho de reivindicación, que la conquista les diera en tiempo de Pizarro. Ante semejante ataque, todos vieron renacer los tiempos heroicos de la epopeya de la independencia. ¡La conquista, atacando en el corazón de las Repúblicas Americanas! Chassaing y Bilbao, ayudados de la prensa de todos los partidos, levantaron un grito de indignación, clamando por la unión de las naciones del Continente para responder al reto de la España, y sólo un diario se opuso a que el pueblo siguiera sus instintos y sentimientos naturales –La Nación Argentina, eco del Gobierno Nacional. De esta oposición surgió la seria polémica en que Bilbao agotaba sus últimas fuerzas físicas, defendiendo la necesidad de emanciparnos en cuerpo de la conquista que iniciaban las monarquías, y en espíritu de las teorías que nos introducían. Asistió, es esos días, arrastrándose y esqueletizado a los meetings del Retiro y de Colón donde habló, haciendo esfuerzos sobre-humanos, y de donde regresó casi sin aliento. Restablecido un momento y queriendo sucumbir primero en su puesto, que atender a su salud, dio a luz su último trabajo, expresión de su alma pura, y cual si fuera el testamento que legara a los racionalistas: El Evangelio Americano. Al terminar las últimas páginas de este libro, la salud le abandonó completamente y tuvo que retirarse de su vida pública, para no volver a aparecer más en ella. El soldado daba su último aliento al pie del cañón que proclamaba la regeneración de la humanidad.» (Manuel Bilbao, pág. CLXVIII.)

Todavía en Chile esta pendiente el reconocimiento que se merece a Francisco Bilbao Barquín un propulsor del pensamiento propio en NUESTRA AMERICA.

 

Centro de Estudios Francisco Bilbao.

Febrero 2019.

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